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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

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18-06-2011

 

 

 

Decisiones parlamentarias y movimiento 15M

La esencia y la apariencia

SURda

Internacionales

 

Salvador López Arnal

Como tengo oxidado el tema no lo formulo en términos kantianos noumeno-fenómeno y no hablo apenas de las condiciones epistémicas que permiten -sin ellas no- aproximarse epistémicamente a un tema. Al que sea. Lo formulo si me apuran en términos aún más clásicos aunque tomo pie en Gould a quien también gustaba hablar en estos términos jugando con las categorías esencia-apariencia.

Lo que ha aparecido durante todo el día del jueves 16, y seguiremos en ellos varios días más, ha sido la injustificable actuación del movimiento 15M. La Vanguardia -¡La Vanguardia!, la carcundia por excelencia de la derecha y derecha extrema catalana- abría portada el 16 de junio con un “INDIGNANTE” en letras de tamaño 96. Precisamente La Vanguardia que pase lo que pase, ante cualquier ataque a las clases populares catalanes o españolas, jamás se indigna y todo le sigue pareciendo lo mejor y más excelente en el mejor y más maravilloso de los mundos posibles.

Pero no ha sido sólo La Vanguardia. Sería de esperar en este caso. Casi al unísono: en la prensa, en las tertulias de las radios, en las televisiones (el informativo de TV3 de la noche del 15 no tuvo desperdicio) lo único que ha contado en sus cuentos ha sido la actuación “incivilizada”, “violenta”, “inadmisible” de los indignados. Ni una palabra sobre las cargas policiales, sobre la chulería fascistoide de Felip Puig y sus desos irreprimibles de salir en pantalla, sobre los policías infiltrados, sobre el montaje seguramente diseñado por la propia conselleria de Interior para que la ciudadanía catalana contemplara finalmente lo que se ha querido mostrar y se ha mostrado finalmente. Ni una palabra apenas sobre cualquier otro nudo. El mundo se ha reducido, han limitado lo mostrado a la supuesta violencia de los indignados. La consigna está clara y la finalidad es evidente: sea como sea, no importa el procedimiento, hay que desprestigiar el movimiento y hay que evitar que la manifestación del domingo 19 se convierta en la mayor protesta social de los últimos años.

No han dicho nada sin embargo del rovell de l'ou, de la esencia de la cosa. En las oscuridades de la cueva la han situado. Y el kernel, el núcleo duro en este caso, como es evidente, es lo aprobado en el parlament catalán con los votos de CiU y ese oportunista neoliberal impresentable llamado Josep Laporta, y la abstención (medida) del PP. En síntesis, los presupuestos arrojados a la ciudadanía por el nuevo tripartito (+ Laporta) de derecha-derecha catalán con la colaboración destacdaa del conseller de Economia, el honorable Mas-Colell, antiguo cuadro del PSUC del movimiento universitario antifranquista. ¿Y estas cuentas en qué se traducen? ¿De qué va esto de “les retallades”? Pues, por ejemplo, en que las urgencias de 114 de los 185 hospitales públicos catalanes serán “reajustadas” y que el departamento reducirá 50.000 -¡cincuenta mil!- altas hospitalarias anuales para ahorrar 75 millones de euros.. Ni más ni menos, como han leído. ¿Esto no representa ninguna violencia ejercida parlamentariamente sobre la ciudadanía más desfavorecida? ¿No deberíamos decir nada? ¿Qué esperan entonces? ¿Que enviemos cartas amables y bien redactadas protestando por sus malos modales y por su poca consideración? ¿Eso esperan de nosotros?

¡Que esperan sentados! ¡Tomemos las calles de toda las ciudades el próximo 19 de junio! Un día para la historia de las luchas de las clases trabajadoras.

PS: El president de Justícia i Pau, el imprescindible Arcadi Olivares, ha dicho claramente lo que está en la mente de todos: el movimiento 15-M es un movimiento pacífico, de resistencia social, y ha sugerido que miembros de la policía catalana se infiltraron entre la multitud para iniciar los incidentes violentos y boicotear la protesta. No sería la primera vez que pasa añadió. Por cierto, ¿está legalmente permitido, encaja legalmente, que un policía, un servidor público, pueda infiltrarse en un movimiento para abonar en él actos violentos? ¿No habría que hacer algo también sobre este nudo fascistoide de usuales prácticas policiales?

 

 

 
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